Breve mirada al Anglo Sionismo

Como es lógico, me formo una opinión a partir de la información que me procuro en los temas que más me interesan y, en este caso, estoy convencido de que quienes controlan la Tierra son muy principalmente personas anglosajonas, blancas, que se adscriben a las religiones judía y al cristianismo de raíz calvinista y que tienen en común su militancia política en el nacionalismo sionista, que llevó a la creación arbitraria del Estado de Israel en 1948.

A pesar de su pequeño número, son dueñas de la Banca mundial y del sistema financiero especulativo, lo cual les ha permitido amasar un poder indescriptible, apropiándose de casi todo el planeta a través de sus bancos, fondos de cobertura y toda clase de entidades financieras, durante siglos.

Lo que aún no puedo dilucidar, es si esa gente tiene de verdad una creencia religiosa veterotestamentaria, considerándose “el pueblo elegido de Dios”, (ese dios), o si solamente usan la religión para arrastrar la voluntad de los incautos, instrumentalizando al verdadero pueblo judío, ese ínfimo colectivo humano que mantiene hasta hoy la tradición mosaica en sus comunidades de Nueva York, Buenos Aires, Tel Aviv, Jerusalén, Haifa, París, Londres o, sí, Teherán y El Cairo.

Si es el caso la primera opción, entonces discutiría con fundamentos tal interpretación religiosa supremacista, pudiendo argüir que se necesita mucha arrogancia para pretender superioridad sobre el 99,8% de la población terrestre que no profesa el judaísmo. La Torá, tenido por un documento de inspiración divina por sus suscriptores -del mismo modo que el Popol Vuh, el Bhagavadgītā, el Corán, el Avesta, la Epopeya de Gilgamesh o el Nuevo Testamento para sus respectivos creyentes- no es más que la crónica de una familia semita de origen babilónico, su descendencia, vicisitudes y costumbres, teniendo en común con todas las otras esa vinculación misteriosa con algún tipo de poderosa entidad, que en determinada circunstancia cargada de misticismo les habría entregado una información valiosa y establecido un pacto, en su contexto histórico y geográfico.     

Si el caso es la segunda alternativa -la que considero más plausible- puedo entender que la comunidad que profesa genuinamente la religión judía sea la primera víctima en el engaño descomunal del Anglo Sionismo, que tiene en Israel como rostro a Netanyahu y en su bolsillo a los más altos funcionarios de Inglaterra y Estados Unidos, principalmente. No en vano muchos judíos ortodoxos no aceptan la instalación de Israel como país, pues esperan que sea el Māšîaḥ quien venga a la Tierra y establezca -sostienen- su reino en el planeta, con capital en Jerusalén.

Para el Anglo Sionismo poco importa ese concepto de los exégetas judíos, puesto que desde fines del siglo XIX planteó a través de Theodor Herzl su voluntad de obtener un territorio donde crear el país supuestamente destinado a la Nación judía en la diáspora, que pudiese haber sido en Argentina o en Uganda, si su principal opción, Palestina, no hubiese resultado. Puedo pensar que al Anglo Sionismo nada le interesa la religión, sino exclusivamente el poder y viene probando con contundencia que está dispuesto incluso a aniquilar el planeta, si no consigue su diabólico propósito.

La mentira como herramienta de control.

Es 1° de Mayo, día de descanso por el llamado “Día del Trabajador”, porque en esa misma fecha ocurrió alguno de los hitos en el siglo XIX que la prensa recuerda como conducentes a conseguir condiciones laborales razonables en diversas industrias, para las personas que trabajaban en ellas. Antes de eso, en el siglo XVIII, el 1° de Mayo de 1776, en Ingolstadt, el jesuita Adam Weishaupt creó la hoy conocida como “Orden Illuminati”, financiada por el judío Mayer Amschel Rothschild. Esta es una efeméride que probablemente se celebra en muy pequeños y poderosos círculos de modo discreto o secreto, en las más importantes capitales del mundo, porque hasta la fecha han conseguido someter a la Humanidad al arbitrio de su plan que busca alcanzar el control absoluto de todas las Naciones.

En el relato oficial, se enfatiza sin decirlo, que sólo es el día de “los trabajadores” …, queriendo perpetuar la idea de que no es para todas las personas que desarrollan un oficio o profesión, sino sólo para aquellas que tienen un empleador y reciben un sueldo por su desempeño laboral.

Asumir como cierta la información o los datos emitidos en un canal de TV, en un periódico, en una radio o, también, en muchos sitios en internet, solo porque lo dijo un Presidente, un Ministro, un Vocero cualquiera, un Congresista, un Juez, un Sacerdote o persona alguna a la que se le suela atribuir veracidad en función de cierto cargo de responsabilidad que detente, implica un severo riesgo. Visto un hecho de esta especie en forma aislada puede parecer inocuo, pero cuando se trata de una estrategia muy bien planificada, financiada y ejecutada, a lo largo de extensos períodos, ya es la construcción deliberada de un relato que en muchas ocasiones resulta ser falaz, coaccionando el libre pensamiento de los hombres y mujeres que constituyen una sociedad.

Sin duda es mucha la gente que cree, por ejemplo, que Jeffrey Epstein se suicidó en aquella celda neoyorkina en Agosto de 2019, o que en Mayo de 2011 mataron a Osama bin Laden en Abbottabad, o que dos aviones dirigidos por musulmanes bajo el mando remoto del propio bin Laden derribaron tres torres en Manhattan en Septiembre de 2001. La versión oficial en el asesinato de JFK sigue siendo el informe Warren y del 9/11 lo es todavía el informe Kean.

En el país en que nací y vivo, la versión oficial del fenómeno planetario SARS-CoV-2 continúa siendo lo que ordena la OMS, es decir quienes la financian. Mentira tras mentira, una vez instalado el terror del año 2020, la Humanidad fue empujada arteramente desde 2021 a inocularse una sustancia experimental en el cuerpo, en el mayor ataque masivo que la historia conoce, perpetrado por el pequeño y poderoso Cartel supranacional que gobierna el mundo, y que no se ha detenido hasta el día de hoy, a pesar de la enorme evidencia ya acumulada de su agresión, por los incontables efectos mórbidos y mortales de la misma en todo el planeta.

Es a mi entender, el aturdimiento provocado por la propaganda oficial, la falsedad pertinaz en los medios de comunicación masiva y una serie de otros procedimientos utilizados para el mismo fin, lo que mantiene a enormes cohortes de hombres y mujeres en Chile y el mundo, carentes de la capacidad para reaccionar adecuada y proporcionalmente, adoptando este entreguismo, impropio del género humano, sucumbiendo al engaño, esperando que alguien o algo venga a mejorar su condición.  

SEMANA SANTA

Sábado, Saturno, Shabbat, Descanso, en fin, el día después del viernes y anterior al domingo. Abril 19 de 2025 paralelo 30º Sur, en medio de la conmemoración del mundo cristiano y, por extensión, de la cultura occidental. Como cada año, la reflexión y las preguntas…, muchas preguntas, pocas respuestas y por ello, espacio para meditar y sondear tan profundo en la consciencia como me sea posible.

Acepto y honro la realidad de Jesús de Nazareth, el Ungido, el Christós, mi máximo referente del ideal humano, así como la esencia de su mensaje de amor, de conexión directa con el Padre -Aquello indefinible más allá de los adjetivos piadosos- de oración o, mejor aún, de introspección, de búsqueda en mi interior.

La práctica del silencio y de buscar espacios para estar conmigo mismo, me retribuye mucho más que cualquier sistema de pensamiento que se me presente como respuesta a la inagotable inquisición de conocimiento, a la búsqueda incesante de sentido y, la semana santa, tiene para mí esta cualidad.

La cultura cristiana recuerda la muerte y resurrección de Aquél. Vivencié ayer una representación del Vía Crucis en la ciudad donde vivo, con gran intensidad, en medio de la gente que seguía la procesión, muy bien recreada por los actores y actrices -una de mis hijas “era” María- y experimenté el tono emocional que la comunidad presente generaba por la coherencia de pensamiento y de sentimiento en ese punto del tiempo y del espacio.

Probablemente parecido a lo que experimentaban las comunidades cristianas originales, en los primeros 3 a 4 siglos, antes de que el Imperio Romano consolidara la gran transformación en el año 325; parecido digo, en la expresión espontánea de recuerdo amoroso y compasivo de Jesús de Nazareth, una mezcla confusa de rabia contra los judíos por haberlo asesinado, culpa por no haber querido/podido evitarlo, rencor contra el poder político que se lavó las manos y genuina incomprensión de la actitud del propio Maestro.

Había mucha gente mayor, como yo mismo, y también muchos jóvenes, así como niños llevados por sus padres. Sin duda en cada grupo etario la impresión del momento era diferente, sin embargo estaban allí, voluntariamente. Desde mi perspectiva, en todo ello la presencia de un sacerdote romano, un par de acólitos y varias mujeres grandes que leían en cada estación los textos ad hoc para la ocasión, no eran el protagonista principal. Lo era la comunidad allí reunida, aportando cada quien el movimiento que en su mundo interior provocaba la situación.

En mi mente bullían muchas palabras del Maestro, de las recogidas en los textos que pasaron la censura desde Nicea hasta hoy, y en los otros. Él es mi Hermano. Su divinidad tiene el mismo valor que la mía y la de toda creatura viviente, todos somos hijos, creación del mismo Padre…, transitando por muy diversos puntos en el Campo de la Consciencia Universal…, destinados a volver a Casa, antes o después.

El Imperio Romano Vaticano redujo -en mi opinión- dramáticamente la figura y el mensaje de Jesús de Nazareth, desde el amor universal, cuya comprensión habría tornado innecesario el derecho, a la construcción de un sistema de control social en base al miedo y la sumisión ante pretendidos intercesores entre el hombre y Dios. De modo similar actuaron aquellas familias patricias que sobrevivieron a la caída de Roma, su capital en Occidente, a como lo habían hecho sus antepasados desde Sumeria, al menos tres milenios antes que ellos.

Es la historia de la civilización que conocemos, de la que tenemos noticias y a la que pertenecemos. Aún puede cada ser humano, recuperar y practicar la conexión directa con Aquello que denominamos Dios. 

NACIONALIDAD.

He nacido en Chile durante el año 140 de esta joven Nación, y se me atribuyó entonces el gentilicio de chileno. A su vez, Chile nació como República en el año 278 desde la llegada del Imperio Español, tras la guerra civil entre españoles soberanistas (realistas) y españoles que hoy llamaría globalistas. Durante aquellos años todos nuestros antepasados eran españoles. Nuestros tatarabuelos desde 1540 hacia atrás eran, por una parte, europeos provenientes principalmente de íberos, celtas y tartessos, con mezclas posteriores aún más variadas y, por otra parte, pre americanos que habitaban y recorrían los territorios desde el Atlántico hasta el Pacífico y aproximadamente desde el río Loa (paralelo 22° S) hasta el Cabo de Hornos (paralelo 56° S). Sus gentilicios más conocidos son diaguitas, collas, changos, pehuenches, picunches, huilliches,  yaganes, generalmente nombrados así durante el proceso de endoculturación y mestizaje.  

En la vieja discusión por la identidad personal en función de los colectivos humanos concéntricos que nos rodean, nunca será posible terminar de ponernos de acuerdo. El sentido de nación puede construirse desde criterios raciales, religiosos, lingüísticos, territoriales, históricos, etc., y han sido motivo de conflictos y guerra durante toda la historia conocida, hasta este mismo minuto. La noción de nacionalidad siempre tendrá, entonces, una fuerte carga de arbitrariedad.  

La principal referencia para el concepto de Estados-Nación se remonta a los tratados de Westfalia, de 1648, cuya descripción básicamente refiere a territorios delimitados con una población estable y con una forma de gobierno propio, que comienzan así a desarrollarse y a cultivar relaciones recíprocas.

Tras las interminables guerras con fuerte componente religioso, desde las cruzadas que inician en el siglo XI hasta las guerras en Europa de los siglos XVI y XVII, Westfalia parece haber terminado con la monarquía absoluta de inspiración divina e iniciado un orden mundial basado en la creación de estados nacionales laicos y soberanos…, cuestión muy discutible a la luz de la historia escrita en los últimos 4 siglos.

Personalmente y con el trozo de información a mi haber, creo que los grandes linajes que desde muy antiguo dominaron urbi et orbi no dejaron de hacerlo, sino que cambiaron la estrategia para mantener su enorme poder. Así, el concepto actual de países, gobiernos nacionales, democracias, autoritarismos locales, organismos internacionales y todo lo relacionado a la noción de Estados Nación y sus relaciones, sólo constituyen un cierto nivel en la taxonomía organizacional que opera inadvertidamente, a espaldas de todos los Pueblos, en el que éstos han sido ubicados de modo que tengan consciencia de sí mismos en función de la aludida categorización. A un habitante común en cualquier país, identificado con un número, le escapa la idea de que existe un grupo de humanos para los cuales no vale esta categoría. Que no tienen una nacionalidad puesto que habitan el planeta como sus dueños y circulan sin restricción alguna entre los 4 puntos cardinales. 

Sin embargo, el desastre que experimenta la Humanidad en los 5 continentes y que amenaza la existencia de miles de millones de congéneres, debe ser abordado en algún punto del orden arbitrario en que aquella mafia escondida entre el secreto y la discreción, ha distribuido a los hombres y las mujeres por todo el orbe que habitamos. 

Me parece sensato que toda la discusión de quienes ostentan posiciones de poder efectivo en las principales potencias, acerca de “sus” áreas de influencia, de si la unipolaridad o la multipolaridad, de si el Sur global, el Occidente, el Oriente o nuevos Polos de desarrollo, den paso a la revalorización y aceptación de la estructura geográfica vigente sobre la Tierra, los actuales países y, de sobremanera, los Pueblos o Naciones que los habitan y, con ello, la recuperación del sentido de pertenencia y de la cultura humana en sus diversas expresiones y particularidades.

La Humanidad no existe como un ente por sí mismo, sino que está formada por la sumatoria de todos los habitantes humanos y de sus relaciones, tanto de los que vivimos actualmente como de quienes nos precedieron, así como del resultado de la infinidad de interacciones humanas, alimentadas desde la naturaleza sensible que nos caracteriza y la posibilidad cierta de cada individuo para cultivarla y expresarla.

Esta realidad humana trascendente debe ser la piedra angular en la reconstrucción de una sociedad, cuyo fundamento sea el derecho natural y cuyas instituciones se organicen en función de ello.

De este modo, puedo dejar de ser un mero habitante, sometido a un contrato de adhesión para que se me permita vivir, y pasar a ser un ciudadano chileno ejerciendo mi sagrada libertad personal, respetando las normas de convivencia consensuadas, cultivando mis potenciales personales como cualquier otro humano, diferenciándome en el proceso y cocreando relaciones de mutuo aprendizaje y sana interdependencia, cuyo resultado es beneficioso para todos.

Un ciudadano chileno por origen territorial, habitante del mundo por derecho natural y coprotagonista del proceso de desarrollo multifocal desde mi modo particular de estar en el mundo. Como todos.

Marzo 2025.

La Trampa está servida.

Las instituciones públicas no funcionan, no existe igualdad ante la ley, los habitantes estamos desprotegidos, la capacidad de la Nación para generar riqueza tiene una camisa de fuerza, el sistema público de educación está diseñado para embrutecer a los niños y jóvenes, la Administración (o Estado) nos roba y la democracia no existe.

Es solo mi opinión y pudiese parecer exagerada. Muchos dirían que es una absoluta mentira, un desvarío patológico. Yo solo puedo ver matices en tales afirmaciones, algunas pueden ser más exactas que otras y, en todo caso, si bien los absolutos están reservados para cosas muchísimo más importantes, tengo el mismo derecho que cualquier otro a resumir en una opinión personal la visión de la que participo respecto del país en que nací y vivo, así como del planeta entero.

También habrá connacionales que tengan una percepción similar de la realidad socioeconómica,  política y antropológica de la comunidad chilena, por referirme de algún modo a los que vivimos en este país.

Son 206 años de Chile desde la guerra civil de nuestros ancestros españoles, que determinó el nacimiento de la República, dejando atrás nuestra anterior nacionalidad por la fuerza de las armas y el financiamiento del Poder real que siempre está detrás de todas las guerras y demás miserias humanas sobre la Tierra.

Un par de siglos que evidencian la imberbe Nación, incapaz de auto gobernarse, siempre entregada a los designios de la oligarquía visible y a quienes desde aquél Poder la controlan, regredida hoy desde ciertos logros medianos en el pasado conseguidos por algunos residentes notables, que se empinaron por encima de los designios del Demiurgo planetario y atrapada nuevamente en sus fauces de bestia feroz, que se sabe amenazada y se ha vuelto aún más peligrosa.

El Poder real es el dueño del dinero y lo usa como arma para someter a las Naciones, grandes y pequeñas. La gran banca mundial con su emisión de deuda sin límite arrastra a casi todo el mundo a servirle en esta neo esclavitud de trabajar para ellos. Las partes interesadas en el mundo corporativo y los Estados, cómplices en el mismo crimen de mantener sometidas a las Naciones, haciéndoles creer –cruelmente- que son libres y democráticas para elegir a quienes les representen…, esos empleados que muy equivocadamente son conocidos como “autoridades”; como en Chile.

Once cartas fundamentales de por medio no le han proporcionado a esta Nación la posibilidad de auto gobernarse -la definición misma de demos kratos- manteniéndola sometida a la voluntad supranacional que planea el devenir de cada territorio, incluidas las Naciones que los habitan.  Los recientes dos intentos arteros por modificar la Constitución vigente, para alinearla aún más con la Agenda 2030 de aquel Poder planetario anglozionista, fueron demasiado lejos, muy apresurados en alcanzar su desesperado propósito y encontraron a la desfalleciente Nación chilena aún con suficiente consciencia para darse cuenta de la horrible trampa a la que estaba siendo empujada.

No obstante, hay demasiadas señales que me permiten pensar en un pueblo, una Nación sin posibilidades próximas de alcanzar su adultez. El cáncer esparcido por aquellos extremadamente pocos, en su afán de tomar el control de cada habitante en la Tierra, alcanza a Naciones que hace mucho tiempo consiguieron salir de su infancia y de su dependencia, que cuentan con muchos siglos e incluso milenios de vida. Esto no ha sido una garantía para sus habitantes.

Este país y la Nación que lo habita padece del mismo comportamiento esquizoide que campea por los continentes, diluyendo la capacidad de los individuos para vincularse entre sí y para interesarse en participar de la toma de decisiones que afectan sus propias vidas.

Aquel Poder planetario controla desde siempre a la llamada clase política nacional, persistiendo en su anacrónica falacia de dividir el plano de las ideas entre sus gentes en “izquierda” y “derecha”, dicotomía que a pesar de reventar sus costuras por todas partes continúa siendo utilizada en la arena pública…, conocedor de la dramática carencia de espíritu crítico en grandes cohortes de la población.

Superado por ahora el asalto a nuestra legislación soberana, estamos a las puertas de un nuevo llamado a ocupar la muy estrecha posibilidad de participación, extremadamente atomizados como Nación, afectados de ira, desilusión, desconfianza e incredulidad en nuestros propios medios para hacer una diferencia.

Quizá aquel refrescante retazo de valor colectivo que nos llevó a rechazar sendos asaltos extranjeros, pueda aún existir entre nosotros y nos sorprenda con alguna fórmula ‘menosmalista’ en la próxima elección de los empleados que ocuparán cargos en el ejecutivo y en el legislativo por un nuevo período. La trampa está servida.  

Porqué votaré por Johannes Kaiser Barents-von Hohenhagen.

Tratar de comprender el funcionamiento de la Nación a la que pertenezco no me ha resultado fácil, fue necesario dejar de ser un idiota -en la acepción que nos ha recordado Agustín Laje- y asumir la ardua tarea de interesarme en ello e intentar conocer no solo la forma sino el fondo del fenómeno social que denominamos “la política”, o el modo en que “los políticos” intentan administrar la dinámica del vivir en Chile, el país en el que nací.

Es algo que hago ya por varias décadas, durante las cuales he aprendido a desconfiar profunda y definitivamente de la denominada ‘clase política’, es decir el sistema de partidos políticos, los empleados que ocupan los altos cargos en los tres poderes del Estado por todo el territorio, los medios masivos de comunicación y los financistas públicos, discretos y secretos de todo el tinglado.

Hace muchos años descubrí la falacia del binomio ‘izquierda’ y ‘derecha’, que tan útil le ha sido, por al menos dos siglos, a quienes detentan el verdadero poder en el planeta, dividido en países y zonas de influencia, engaño construido para mantener dividida a la población -aquella receta utilizada por toda la historia humana conocida- y que por estos días evidencia su colapso, porque grandes cohortes de individuos por todo el mundo, se sacuden los intentos ideológicos por clasificarnos y mantenernos dentro de la taxonomía diseñada por aquellos en la parte más alta en la pirámide del control poblacional.

Por esta razón me parece bastante patético el esfuerzo de la clase política por mantener ese diseño conceptual y darnos el espectáculo cotidiano de sus peleas y discusiones, reclamando los unos y los otros el protagonismo que les pudiese proporcionar su continuidad en tal o cual puesto en la enorme mesa de la repartición del poder, grande o pequeño, y los emolumentos asociados a ello.

Me resulta más fácil comprender lo que ocurre en Chile, al observar lo que tiene lugar en la Tierra, hasta donde puedo ser capaz y asumiendo el natural sesgo que ello conlleva.

En artículos anteriores de lo que es solo mi opinión, como la de hoy, me he definido como un habitante -uno legal- que aspira a ser ciudadano, al menos poder expresar lo que pienso y, de sobremanera, que aquellos connacionales que ejercen funciones en la administración de nuestra convivencia en el territorio, no lleguen en su afán de control a extinguir el escaso espacio de libertad que me queda.

Hoy, dentro del confuso maremagnum ideológico instilado con precisión, la humanidad se juega su destino entre dos grandes bandos, dos potencias en pugna que nos proponen por un lado una gobernanza global, so pretexto de que ‘los problemas globales deben resolverse a escala global’ y, por el otro lado, conservar el diseño de Naciones soberanas que surgió tras los tratados de Westfalia en 1648.

Me declaro defensor a ultranza de mi libertad personal y, por tanto, de un sistema de gobierno nacional que mantenga como su máximo propósito respetar y defender la soberanía de los habitantes y, por extensión, la soberanía de la Nación.

Ningún sistema de administración de la convivencia de los habitantes en un país es perfecto, como todos sabemos, pero el piso mínimo e intransable es en mi opinión la mayor libertad  posible para cada individuo, su familia y su comunidad.

En Chile hemos experimentado recientemente dos arteros intentos de alinear la carta fundamental con la agenda globalista, visibilizada a través de la Organización de las Naciones Unidas, dos intentos que rechacé con vehemencia. El Poder verdadero planetario atacó con el movimiento de pinza de ambos brazos, izquierdo y derecho, el ordenamiento jurídico que había sido consensuado por los chilenos, en su origen y en las múltiples modificaciones posteriores.

Por decencia, jamás he sometido mi pensamiento libre a organización ideológica alguna. De ninguna índole. En las elecciones de este país, la mayoría de las veces me abstuve, convencido de la trampa que significa el Diseño de la supuesta representación ciudadana, que ha cuidado muy bien la permanencia del poder efectivo en el mismo lugar, las mismas potestades que desde siempre –en la historia escrita- lo han tenido, y también en los infantiles 206 años de Chile.

En los últimos años decidí integrar el grupo de quienes nos resignamos a votar por ‘lo menos malo’, advirtiendo la peligrosa deriva globalista que ha parecido dominar sin contrapeso, al menos en Occidente, llevándonos a la extinción de nuestra libertad individual intrínseca, sin la cual la vida misma no tiene sentido.

Como siempre, nadie me preguntó por quién quisiera yo poner en la papeleta de las votaciones y ello me lleva a tener que elegir entre personas con las cuales jamás he conversado. Me queda entonces examinar a los candidatos impuestos, descartar todo lo que parece representar el brazo izquierdo del Poder efectivo, con su bandera ‘woke’ y su desquiciado afán estatista, y todo aquello que con el brazo derecho el mismo Poder busca imponer, con su religión ‘Agenda 2030’ devenida ‘Pacto para el Futuro’; ambos brazos emergidos desde la ONU, como oficina de la RED, ‘Mundo.org’, CFR o cualquiera de los nombres retóricos con que busca aquel Poder mantenerse en la sombra.

Hasta aquí, sólo podría votar por Johannes Kaiser, por dos razones principales. Primero, habiendo escuchado suficientes de sus post, entrevistas y declaraciones, más lo hecho en la Cámara de Diputados, lo que defiende es todo lo que para mí también se puede resumir como el sentido común, a saber, la libertad individual en todos los campos, el derecho a la vida desde la concepción hasta la muerte natural, a la propiedad de todo lo que un individuo consigue con su propio esfuerzo, a la intimidad personal, a educar a los hijos conforme el deseo de los padres, la racionalización y transparencia del Estado, etc. Segundo, la coherencia que ha mostrado en su discurso, actitud y conducta con esos valores que defiende.

Jamás militaré en su partido político, por lo antes señalado, y de inmediato renegaré de mi apoyo actual a su candidatura, si se mueve de la línea axiológica que hoy propugna. 

Es muy pequeño el espacio que un habitante tiene en este país para convertirse en Ciudadano, es decir, para participar efectiva y eficazmente en la toma de decisiones que afectará inevitablemente su vida cotidiana.

Diciembre 2024.-

¿Día de la Independencia de Chile?

No para mí.

Durante mi infancia y adolescencia celebré el 18 de Septiembre como hijo de una familia chilena promedio, instruido mediante la currícula oficial del sistema de educación hasta mi adultez inicial, que nos cuenta la historia de Chile del modo que en general conocemos. Más tarde, en mi adultez mediana y habiéndome informado mejor o, al menos, suficientemente, dejé de celebrarlo, al comenzar a experimentar la disonancia cognitiva que se produce cuando las creencias personales cambian y, por tanto, empujan también la consecuente modificación del razonamiento y la conducta.

No soy historiador, ciertamente, y no pretendo en este breve artículo redundar en los hechos específicos de la historia oficial de todos conocida, es decir, el Cabildo abierto, la primera Junta de Gobierno, los ‘patriotas’ y los realistas, la pronta instalación del primer Congreso Nacional y los proto partidos políticos de la época.

Solo quiero reflexionar acerca de lo que pienso al respecto, con el conocimiento del que hasta este momento dispongo y, aún más importante, lo que percibo como plausible en esta historia, en sus trazos más gruesos. 

Nuestras familias ancestrales, en los siglos XVI, XVII, XVIII y primeras décadas del siglo XIX eran españolas, todas ellas. Fuimos españoles a lo largo de 260 años. No éramos una colonia de España, sino un territorio de España, denominado Reino de Chile, dependiente de la Corona española a través del Virreinato de Perú. Hasta el más pequeño asentamiento humano que se encontraba en la geografía controlada por el Imperio Español no fue colonizado, sino que pasó a formar parte de éste. Por tanto, todos sus habitantes eran españoles, así fuera que descendieran de residentes locales precolombinos, que hubiesen nacido en la península ibérica o que hubieren llegado al mundo en este territorio después de 1540.

El Imperio Español, en virtud de su desarrollo mayor que el de los pueblos nativos de este territorio en el momento de su llegada, inició y consolidó un proceso civilizatorio sin parangón en la historia de América, incluyendo las zonas más aisladas o extremas, como era el caso del Reino o Capitanía General de Chile.

Con el Rey Fernando VII prisionero por el invasor francés Napoleón Bonaparte desde 1808 hasta 1813, los españoles organizados en la unidad administrativa o Cabildo de Santiago de la Nueva Extremadura expresaron en la reunión abierta convocada para el 18 de Septiembre de 1810, su lealtad al rey. Lo mismo ocurrió en los diversos Cabildos y Juntas de Gobierno locales repartidos por todo el imperio, desde la costa verde de Asturias hasta Filipinas, dada la necesidad de generar el autogobierno local de acuerdo con la Regencia de Cádiz, manteniendo así el funcionamiento de las instituciones, en ausencia del rey.

Sin embargo, ya se había instalado con fuerza el plan de la poderosa oligarquía inglesa, organizada a través de las logias masónicas, que había intentado durante siglos arrebatar su territorio americano al Imperio Español y que, como no pudo concretarlo mediante la guerra convencional, planeó y ejecutó su ofensiva mediante la introducción subrepticia de su poderosa influencia financiera al interior de los Virreinatos, lo que culminó en el proceso denominado de las independencias hispanoamericanas -que en Chile tuvo lugar en 1818- en una verdadera balcanización del Imperio Español en muchas noveles Repúblicas, intencionadamente separadas y rivalizadas para así evitar su desarrollo y autonomía política, social, económica y militar.

Tras la guerra civil entre españoles, en suelo del Reino de Chile, se impuso finalmente la fuerza de los revolucionarios, es decir, los españoles secesionistas, mal llamados ‘patriotas’ -dado que aquí no existía a la fecha ninguna patria más que España- y en cuyas oligarquías locales pronto fue evidente la influencia comercial inglesa, principalmente.

Así, yo no celebro ‘el 18’, sino que recuerdo la triste guerra fratricida de todos esos años, que condenó a esta nueva República y a las otras del continente hispanoamericano, a la dependencia del mundo anglosajón internacionalista, que hasta hoy ha constituido, en mi opinión, una enorme dificultad para conseguir el desarrollo pleno y la defensa de su soberanía. 

CONVERGENCIA

Durante mi existencia, como todos, he tenido etapas diferentes. Así también los propósitos en cada una de ellas han sido diversos, cada uno importante en su contexto por lo cual no tiene sentido compararlos. Sin embargo, del mismo modo en que percibo que vengo alcanzando la mejor versión de mí mismo con el paso de los años, también descubro una convergencia mayor entre el fin personal que persigo en la circunstancia presente, con la misión trascendente que siempre he intuido y que cada vez se ha vuelto más nítida.

He sido un hombre gregario siempre y, asimismo, he valorado con mucho la presencia de quienes han compartido la intimidad de mi hogar, bendecido con la presencia de mi compañera de cada época, con quienes he buscado crecer y echar a volar mis sueños del momento. He intentado devenir en un mejor ser humano, tanto en la intimidad familiar como en mis interacciones sociales extendidas, principalmente en el área laboral y en los escenarios de mi búsqueda incansable de conocer, persiguiendo respuestas a mis cuestionamientos de toda la vida. 

Desde temprano observé la confluencia de muchas circunstancias, significativas algunas y menos relevantes otras, tanto de mi propio curso de vida como de lo que he sido capaz de observar en mi entorno local y global. Como cuerdas aparentemente separadas, que en algún punto del tiempo y el espacio deberían estar unidas en un ápice percibido lejano, o apenas supuesto.

Lo experimentado en cada etapa se enlaza misteriosamente con la siguiente, en una lógica aditiva abrumadora. Nada implicó una pérdida; mucho menos un fracaso, aunque los errores cometidos cuento por miles, distribuidos de mayor a menor a través de los lustros.

Hoy me encuentro a las puertas de una etapa nueva, reinvención laboral, cuidado personal, revisión de prioridades y mudanza geográfica, esperando resolver si continuaré solo o si aun estaré acompañado de quien me ha sido enviada en esta fase, como a mí se me ha destinado junto a ella para cumplir ambos una misión compartida, que muestra una hermosa convergencia con la energía telúrica que estalla alrededor y que en un cierto momento ha quedado suspendida, trocada por propósitos individuales que con toda su autenticidad, no reemplazan la andadura de a dos.

Agosto 2024.-

Lo profundo determina la superficie.

Abrumados por el peso de la extrema banalidad cotidiana, ostensible y en aumento, me resulta razonable considerar que el mero intento de navegación por sobre sus olas embravecidas, procurando sobrevivir, agotaría nuestras fuerzas y sería vano.

Así es como percibo el penoso enfrentamiento al que asistimos en nuestros días, entre relatos que buscan con denuedo instalarse como verdad absoluta, a menudo en ausencia de humanidad, con violencia y evidente intención de invalidar a quienes sustentan un relato diferente y someterlo -ojalá- a la irrelevancia y la desaparición. Todos contra todos.

Asistimos a este espectáculo decadente en muchas redes sociales y en casi todos los medios masivos de difusión. Al menos yo tengo claro que esta expresión afiebrada de miles intentando gritar más alto que los demás, solo sirve a aquellos muy pocos que nos observan con todo su poder, llenos de satisfacción en sus magníficas estancias, tras un muro impenetrable de garantizada anonimia.

Sin embargo, el espíritu humano resulta ser muy resiliente y puedo observar empíricamente, en el entorno de mi desempeño profesional, que una mujer o un hombre son capaces de hacer emerger su naturaleza trascendente desde la profundidad de sí mismos y recuperar la armonía perdida en la superficie de la que también forman parte y donde han contribuido en alguna medida a perpetuar el caos de la deshumanización y sus letales consecuencias.

En la superficie del colectivo humano, se nos viene sometiendo paulatinamente al desastre axiológico evidente, con una astuta aplicación del modelo de Overton que pretende relativizarlo todo, en el afán de control omnímodo antes aludido y con un avance extraordinario de aquel oscuro propósito.

Mas, como decía mi padre, ‘lo que el hombre ha hecho el hombre lo puede hacer’, y en mi pequeño mundo de servicio profesional dirigido a hombres y mujeres con severo daño emocional, físico y mental, muchísimos de ellos nos demuestran a diario, a través de los años, la absoluta viabilidad de la transformación de una superficie caótica, cuando aprendemos o recordamos que somos seres con una insondable profundidad, que no es afectada por las turbulencias externas y que, cuando tomamos consciencia de aquella y nos reconocemos en nuestra potencialidad, somos perfectamente capaces de modificar una cotidianidad antes desastrosa por un proyecto de  vida satisfactorio, fundado en la naturaleza abisal de nuestro ser.

Julio 2024.

Netanyahu traiciona a Israel

Desde el otro lado del planeta ejerzo mi derecho a emitir una opinión, respecto de la tragedia que hoy mismo está afectando gravemente a decenas de miles de seres humanos en el levante mediterráneo, por ahora directamente a las Naciones israelí y palestina.

Es evidente que la incursión criminal de al menos 400 milicianos palestinos de Hamás el sábado 7 de Octubre en el sur de Israel desde la Franja de Gaza, en localidades como Kerem Shalom en el sur y Erez en el norte de ese territorio palestino, sólo ha podido perpetrarse con la anuencia del propio gobierno de Netanyahu y parte del ejército y de la inteligencia israelíes.

No sólo violaron esos milicianos la barrera fronteriza mejor resguardada del mundo, sino que tuvieron alrededor de seis horas para adentrarse en diversas direcciones dentro de territorio israelí, alcanzando asentamientos humanos tales como Sederot, Re’im, Ascalón y hasta Ofakim, situada a más de 22 kilómetros de Gaza. Es evidente también que estos soldados irregulares de Hamás estaban dispuestos a morir en el intento, durante o después de su arrojada incursión, sin embargo, tuvieron tiempo de secuestrar a numerosas personas, civiles y uniformadas, para llevarlas como rehenes a su territorio.  

Ciertamente, Netanyahu y su gente no es Israel, como antes la OLP y hoy Hamás no es Palestina. Es claro que se trata de una operación de falsa bandera, como tantas otras que la súper élite bancaria mundial, enloquecida en su afán de alcanzar su deseado control planetario, nos ha presentado a lo largo de la historia. Creer en este episodio de hoy equivaldría a creer, por ejemplo, que las tres torres del World Trade Center en Nueva York, aquél 9/11, fueron derribadas por Osama bin Laden, o creer que a JFK lo asesinó un loco solitario.

Netanyahu no tuvo empacho alguno en vociferar el reciente domingo 8 de octubre que Israel se está “embarcando en una guerra larga y difícil” …, ¿larga y difícil…, contra una milicia? Es como si en Chile el Ejército decidiera liquidar los movimientos terroristas en la Araucanía: lo podría hacer en menos de una semana…, pero sus órdenes son otras.

Netanyahu ha sido acusado reiteradamente en su país por corrupción, soborno, fraude y abuso de confianza. Tiene una muy fuerte oposición entre los israelíes tras completar -en períodos discontinuos- 17 años en el poder y una bien fundada acusación de práctica dictatorial por su controvertido propósito de controlar al Poder Judicial desde el Poder Legislativo, rechazado por cientos de miles de manifestantes en diversas ciudades del país este año.

En Israel también existe la constante de una clase gobernante a la que no le interesa la Nación que se supone dirige, al extremo de haber permitido Netanyahu en los recientes días, que mueran a manos de los milicianos de Hamás al menos 1.500 personas israelíes y la indeterminada cifra de palestinos que podrían morir a manos del ejército israelí, tras la “reacción” esperada en la estrecha lógica de la guerra. Lo de siempre: seres humanos asesinados -civiles y militares- para satisfacción de aquella súper élite apátrida, globalista, dueña de la “izquierda” y de la “derecha” en todo el mundo, a la que no le interesan las Naciones, puesto que su propósito es instalar un solo gobierno mundial y a la que no le importan sus habitantes, puesto que, como algunos de sus voceros han dicho hasta el hartazgo, “es necesario disminuir drásticamente la población”.

Netanyahu es un activo del Globalismo y su genocida Agenda 2030. Se jactó de haber dirigido una de las peores persecuciones de la Nación israelí -la otra ocurrió en Chile- con ocasión de la farsa mundial conocida como “pandemia” – según la modificada definición de la OMS- con su primera fase de provocación del terror en 2020 y el inicio de su segunda fase de concreción en 2021, con las inoculaciones experimentales que no se han detenido y que al 4 de Mayo de 2023 dan cuenta de un 65,76% de sus habitantes “completamente vacunados”.[1]

La humanidad entera se encuentra en guerra. Estamos siendo atacados implacablemente del modo más evidente y abiertamente reconocido por los perpetradores, como nunca en toda la historia registrada.

Las dos facciones en pugna más definidas sobre el planeta representan la una al hoy denominado Globalismo y la otra a lo que prefiero denominar Soberanismo. El primero, como es sabido, es una imposición externa y vertical que ostenta la condición de corriente principal o versión oficial en todo el tejido institucional supranacional, así como en el sistema corporativo privado que lo financia con recursos provenientes del robo legalizado de los Estados a la población trabajadora, la especulación financiera y operaciones oscuras de toda índole, siendo sus vitrinas más conocidas la ONU y la OMS, por una parte, o el Foro Económico Mundial, BlackRock y Vanguard, por otra.

El Soberanismo es, en cambio, la aspiración natural y genuina de todo ser humano a decidir libremente el modo en que quiere vivir y poder dedicar sus capacidades y esfuerzo para conseguirlo, parcial o totalmente, sin más limitación que deber el mismo respeto al ejercicio de su libertad de los demás. Llevado al plano colectivo, el Soberanismo es la aspiración de las Naciones a decidir por sí mismas el modo en que quieren vivir, y poder desarrollar sus capacidades y esfuerzo en el proceso de alcanzarlo, sin interferencia de Naciones, Estados, Corporaciones u organización extranjera de naturaleza alguna, que conculque la legítima voluntad propia consensuada.

Como habitante chileno, declaro mi vocación de Soberanía personal y nacional, en consecuencia, me adscribo absolutamente al derecho que tienen la Nación Palestina y la Nación Israelí a su plena Soberanía, debiendo ser ambos, estados independientes, administrados por sus propios habitantes, liberándose del Poder de facto Globalista que mantiene sometidas a ambas Naciones a través de clases gobernantes que solo defienden intereses espurios, ajenos a la voluntad ciudadana.   


[1] https://datosmacro.expansion.com/otros/coronavirus-vacuna/israel